martes, mayo 22, 2018
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Wolfenstein II, The New Colossus

 Una última quincena de octubre difícil de olvidar para los aficionados a los videojuegos. Justo cuando se anunciaba el cierre de Visceral Games y EA decidía abandonar el juego single player de Star Wars, (porque por lo visto los títulos para un sólo jugador “no se ajustan al modelo de videojuego que pide el usuario de hoy día”), recibimos Super Mario Odyssey. Y el nuevo Assassin’s Creed. Y el nuevo Wolfenstein. Tres apuestas que solapan parte de su público pero con targets de mercado claramente diferenciados; tres apuestas que basan su estructura y su éxito en la experiencia para un sólo jugador. Y en el caso de Wolfenstein II, preparado para satisfacer a los más exigentes paladares hambrientos de shooter old-school.

Tras el sorprendente The New Order había gran expectativa sobre MachineGames y sobre lo que podrían hacer con más tiempo y más presupuesto, y ambas cosas se han usado bien; Colossus se desarrolla a partir de los acontecimientos del primero obligándonos, eso sí, a retomar una de las grandes decisiones que quedaron de aquél y que afectará directamente a nuestra tripulación y al arsenal del que dispondremos en combate. El principio del juego es toda una declaración de intenciones para el jugador: 1) no habrá concesiones en cuanto a violencia y brutalidad en pantalla. 2) El juego tiene algún contrapunto cómico pero se toma mucho más en serio a sí mismo de lo que nos imaginábamos y 3) de inmediato sabemos que no se ofrece ningún tipo de ambigüedad ideológica tan de moda en los últimos tiempos. Wolfenstein es una saga donde los nazis son los muy malos y matarlos a todos es lo correcto. Y poder hacerlo con unas mecánicas tan sobresalientes como las de este juego resulta una de las mejores experiencias jugables que hemos tenido con un shooter desde, posiblemente, Doom.

Wolfenstein II: The New Colossus (PC) Ilustración

Este es un juego no apto para todos los públicos: es explícito, es grotesco, es brutal. Hay alcohol, desnuedez parcial, sexo implícito, consumo de drogas. Hay decapitaciones en primera persona, hay miembros mutilados, hay cabezas partidas por la mitad con un hacha. Incluso podemos correr con nuestra armadura “de fútbol americano” y descomponer literalmente a un oponente sin armadura. Y hay, desde luego, racismo, antisemitismo, homofobia, capacitismo, humillaciones de todo tipo. Hay, en definitiva, nazis ejerciendo de nazis. No es gratuito, porque toda la puesta en escena tiene su por qué, pero tiene que quedar claro si alguien está pensando adquirir este juego para el sobrino pequeño o para su ahijado menor.

Blazkowic, el nuevo coloso

Impedido en una silla de ruedas, maniobrando con una mano por los estrechos pasillos del mayor submarino jamás construido mientras, con la otra, disparamos nuestra Maschinenpistole – SMG – a los primeros nazis que intentan acabar con la poca vida que nos queda. Esa es la premisa con la el jugador empieza a manejar a Blazkowic, héroe casi caído que nota durante buena parte del juego que sus días en la tierra se van acabando. La lucha contra los nazis es otra más de las que soporta nuestro héroe, que además tiene que batallar con la inminente fragilidad de su maltrecho cuerpo tras los incidentes del anterior juego. Y es que nadie en The New Colossus ha resultado indemne tras la ficticia historia alternativa que presenta la victoria alemana en la segunda guerra mundial. Todo el mundo, sin excepción, muestra señales y cicatrices – físicas o psicológicas – tras los años de ocupación. Cada personaje, cada recuerdo, cada flashback, cada conversación… todo destila los estragos de más de 20 años de holocausto. Y esa sensación está puesta ahí aposta para que no haya ningún atisbo de duda cuando pulses el gatillo.

Wolfenstein II: The New Colossus (NSW) Ilustración

Wolfenstein es un juego de acción, quede claro, pero hay ahí dentro un esfuerzo muy grande por contar una historia. La interpretación por parte de los actores es soberbia, francamente de lo mejor que hemos visto en un videojuego últimamente y destacando especialmente a la villana, Frau Engels. La acción nos llega dosificada a impulsos, con intervalos interrumpidos por cinemáticas o por fases de “enfriamiento” en el Eva’s Hammer, el submarino. Y es que hay un límite de adrenalina que el jugador puede aguantar, con lo que la gestión y balance de los tiempos es algo que a nosotros también nos parece un gran acierto. Incluso el descargo cómico está meticulosamente calculado a la hora de introducirlo en la narrativa del juego: no es un videojuego histriónico y, sin embargo, ya le hubiese gustado a Duke Nukem Forever conseguir hacer soltar alguna que otra carcajada.

Esto es Wolfenstein, no Deus EX.

Wolfenstein II está configurado de forma que el jugador puede escoger el camino que más se ajuste a su estilo de juego. Evidentemente esto no es Deus Ex: aunque hay opción de tomar caminos más sigilosos, eventualmente vamos a acabar disparando. Y vamos a acabar disparando mucho. Pero sí que es cierto que los niveles se han diseñado para permitir, en muchos casos, más de una aproximación a un encuentro. Esto es probablemente una de las grandes ventajas de diseñar escenarios sin tener que pensar en luego tener que reutilizarlos como mapas multijugador: el poder proporcionar experiencias completas y hechas a medida según la necesidad narrativa y no según la necesidad de reducir costes. Los escenarios están fenomenalmente representados, desde la decadente Nueva York post-nuclear hasta la tecnología nazi mezcla de ciencia ficción de los 60 y segunda guerra mundial.

Wolfenstein II: The New Colossus (PC) Ilustración

Pero no podemos olvidar que incluso con sus múltiples posibilidades. todo esto que conforma The New Colossus está envuelto en un gran “pasillo” que suponen los niveles, detallados eso sí hasta el último rincón y escondrijo al que solamente tras cierto escrutinio conseguiremos alcanzar. Wolfenstein es un juego de ir de A hasta B, que le quede claro a todo el mundo, con la posibilidad de desviarse un poco por el camino, sí, pero es un gigantesco y precioso pasillo con florituras. De hecho, una de las críticas que se le puede hacer al título es que el hecho de hacer los escenarios casi completamente pre-renderizados es su escasa capacidad de interacción con los mismos, cosa que le quita cierta credibilidad. Algunas cajas se destruyen y un cuadro cae, de acuerdo, pero la sensación de poder que tenemos usando las armas contra nuestros enemigos la perdemos cuando interactuamos con el mundo que propone el juego. En una ocasión, por ejemplo, mientras avanzábamos sigilosamente a la caza de un Überkommandant enemigo, una lámpara nos iluminaba la cara quitándonos visión; intentamos disparar sin éxito a la luz para destruirla, dejando en evidencia las limitaciones del ID Tech-6.

La mayor parte de las misiones se dividen en una sucesión de encuentros, una fórmula que tan bien le funcionó a DOOM. En muchas ocasiones, un aviso en el HUD nos proporciona la dirección a la que se encuentra el comandante o los comandantes enemigos y nos las tenemos que apañar a través del escenario para llegar hasta ellos; si somos detectados, que será lo más normal, deberemos abrirnos camino por la fuerza y enfrentarnos además a sus refuerzos, que suelen ser de rango superior: soldados con armas y armadura variada, supersoldados producto de la experimentación nazi, perros normales, perros robot, perros robot gigantes… sea como sea, la música se encarga de subir la tensión mientras suena la alarma y nos disponemos a pelear.

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